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El 2018

Hoy es casi obligatorio escribir sobre el año que comienza, aunque tampoco es mal visto hacerlo sobre el año que termina. Está permitido hablar de lo hermoso y trascendente del año que murió, así como de lo difícil y terrible que fue. Se puede reflexionar sobre los sueños para el 2018, o de cómo este año recién parido nos hundirá más profundamente en el lodo.
¿De qué hablaré hoy? Pues, por supuesto, de política. El 2017 comenzó y terminó con una agitación brutal, y el 2018 nace igual. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de política? Es una pregunta sin respuesta. Separamos la política del resto de la sociedad. Etiquetamos como políticos a quienes quieren convencernos que votemos por ellos. Lo hacen recurriendo a las artes más oscuras y a las más descaradas mentiras. En nuestras mentes la política es lo más bajo de la sociedad, y los políticos son mentirosos, codiciosos y podridos.
Nuestra sociedad generaliza y homogeniza, invisibilizando la complejidad. Fraccionamos la realidad, con lo que creamos fotos rotas del mundo. Sin embargo, la palabra política implica lo contrario: ver al mismo tiempo la heterogeneidad y la totalidad. Viene del griego ‘politiké techne’ o el arte de los ciudadanos, el arte de vivir en sociedad, al arte de las cosas del estado.
Políticos somos todos nosotros, con nuestros intereses, nuestro poder y nuestra capacidad de presionar. Quienes tenemos un par de ojos, aunque no los usemos, podemos dar testimonio de que hay personas y grupos que tienen más poder, que pueden imponer sus intereses sobre los del resto, y convencernos de que son nuestros intereses. La demagogia es eso: disfrazar mis intereses como si fueran los de todos, recurriendo a cualquier estrategia, y casi siempre sin ningún tipo de consideración ética o moral.
Los actores y analistas políticos no son todos seres de luz o de oscuridad, aparecidos de la nada y aislados del resto de la sociedad. Son personas que tienen sus propios intereses, y que, además representan los intereses de grupos específicos. En su discurso dicen buscar el bien común, todos hablan a nombre del pueblo. Quienes se dedican al arte de las cosas del estado tienen que lidiar con eso.
Cada decisión que se toma afecta a toda la sociedad. Tal vez la transparencia sólo signifique que todas sepamos a qué intereses representa; el diálogo discutir qué es mejor para todas en igualdad de condiciones, sin que el dinero o el poder den más derechos; y la democracia, el poder del pueblo, sea tomar la decisión que beneficie a la mayoría, pero sobre todo a quienes han sido desposeídas hasta de su voz. ¿Qué intereses esconden los discursos políticos de nuestro país? ¿qué políticos representan a qué grupos de poder? ¿de qué intereses nacen las decisiones actuales del estado? Ojalá el 2018 nos lo aclare un poquito. (O)

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