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Paz y armonía

Desde tiempos inmemoriales, las sociedades humanas celebraron en diciembre el solsticio de invierno, es decir el inicio de la llegada de más luz solar en el polo norte, anunciando la proximidad de la primavera y el renacimiento de la vida en los campos cubiertos de nieve invernal.


La tradición cristiana adaptó su simbolismo al nacimiento de Jesús que trajo un mensaje de luz y amor al prójimo. La Navidad, celebra el natalicio de uno de los hombres más trascendentes en la cultura occidental, quien siendo hijo de un carpintero y una mujer del pueblo, nacido en un pesebre donde recibió el calor de otros seres vivos, merced a sus capacidades personales para entender a las personas y hacerse entender por los demás, logró difundir su mensaje de que la espiritualidad importa más que a la acumulación de bienes; que el amor por los necesitados es superior a la adulación a los poderosos; que buscar la verdad es mejor que vivir de mentiras autocomplacientes; que la humildad es un atributo más preciado que la vanidad, que la solidaridad agiganta más a las personas que el mercantilismo.


El legado de Jesús a la humanidad está muy lejos de las cosas fastuosas, los patrimonios cuantiosos, los bienes suntuarios; también es distante del poder para acallar las voces ajenas, para oprimir a los vulnerables, para aprovecharse de los desdichados. Como la naturaleza que trae la vida en la primavera haciendo que el agua hinche a las semillas para que germinen, florezcan y fructifiquen, Jesús fue capaz de transformar el agua en vino, de multiplicar los panes y los peces, de curar las heridas, de devolver la vida, de regresar de la muerte; su vida fue sencilla y serena, dedicada a servir a los demás; sin templos, sin oropeles, sin tesoros, sin poder de acusar, juzgar y sentenciar, la herencia cultural al mundo fueron sus enseñanzas para una convivencia armónica y fraterna; su valentía al enfrentar al poder imperial romano con dignidad, su sencillez al volver a la fuente de vida desnudo de riquezas, pero con un espíritu evolucionado, con una vida eterna en la memoria humana.


Que el legado de luz de los seres evolucionados como Jesús iluminen a la familia ecuatoriana, dejando un mensaje de paz y armonía en el hogar; que los aprendizajes de los esfuerzos sociales se afinquen en la vivencia nacional; que la solidaridad del Buen Vivir trascienda en la memoria colectiva y que en cada ser humano, en cada familia y comunidad dentro y fuera de la Patria, se fortalezca la esperanza de convivir en un mundo libre, equitativo y fraterno. (O)

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