Columnistas /

Democracias débiles

En los últimos años han tenido lugar varios procesos electorales en América Latina. Las reacciones de los actores políticos ante los resultados han sido diferentes en cada país.
En noviembre de 2015 tuvo lugar la segunda vuelta en Argentina, en la que el candidato de la derecha, Mauricio Macri, ganó la presidencia con 2.68% al candidato Daniel Scioli, del Frente para la Victoria. Nadie objetó los resultados.
En las elecciones presidenciales en Perú, de junio de 2016, Pedro Pablo Kuczynski ganó a Keiko Fujimori con sólo 0.24%. Tampoco hubo reclamos de la candidata perdedora.
En la segunda vuelta del Ecuador, en abril de 2017, el candidato Lenín Moreno ganó a su adversario Guillermo Lasso, con un margen similar al del Perú, de sólo 0.30%. Sin embargo, el candidato perdedor mantuvo airadas protestas y no aceptó los resultados durante varias semanas.
Recientemente, los resultados electorales del 26 de noviembre en Honduras, dejaron una diferencia de 1.71% entre los candidatos Juan Orlando Hernández y Salvador Nasralla. Pero las protestas en ese país no han cesado y han tenido como consecuencia varios muertos. El candidato perdedor aún no ha aceptado los resultados.
Mientras, el 17 de diciembre en Chile, el exmandatario de derecha, Sebastián Piñera, fue reelegido frente a su contendiente de centroizquierda, Alejandro Guillier. El candidato perdedor reconoció inmediatamente los resultados.
Como se observa, en 3 de los 5 procesos electorales recientes en la región, los resultados han sido acatados por todas las partes. En los dos restantes, han sido rechazados por los candidatos perdedores, lo que ha derivado en protestas, inestabilidad e incluso en la pérdida de vidas humanas.
Ese rechazo a los resultados electorales suele deberse a la existencia de instituciones electorales nacionales que no generan confianza y de actores políticos incapaces de un diálogo político serio y transparente, síntomas de una seria debilidad democrática.
Los países con democracias débiles son candidatos perfectos para el tutelaje externo, como acaba de ocurrir en Honduras. El Secretario General de la OEA ha solicitado que se repitan las elecciones en ese país, aunque esa opción no esté contemplada en su legislación nacional.
Estamos ad portas de una consulta popular. Demostremos que hemos superado la época en la que la OEA y, a través de ella, terceros países metían sus narices en nuestra democracia. Confianza en las instituciones nacionales y madurez democrática de todos los actores políticos son la clave. (O)

Visto 512 veces

Modificado por última vez en:


Publicidad