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Una escuela para todos

Ximena Vélez Calvo es investigadora en el área de neurociencia cognitiva y educación y docente de la Facultad de Filosofía de la Universidad del Azuay.

Cuando tenía 19 años y mi hermana Valeria tenía 3, viví junto a ella y a mis papás el enorme problema que fue encontrar un centro infantil que le recibiera.
Visitamos muchísimos lugares y la respuesta era la misma: no sabemos cómo trabajar con “estos niños”.
Pero lo destacable de esta historia fue el entusiasmo que finalmente encontramos en una escuela: sus maestras no vieron en mi hermana una niña diferente sino que le trataron como a cualquiera de los chiquitos de ese lugar.
Ese entusiasmo se convirtió en la semilla de mi vocación.
Estudié educación especial con la intención de enseñar a superar los prejuicios que enfrentan las personas con discapacidad, pues son las razones principales que generan su exclusión.
Estoy segura de que sólo con la educación se pueden vencer estas poderosas barreras invisibles.
Como maestra de primaria siempre recibí en mi aula a niños con discapacidad, esmerándome en promover su acceso, presencia y participación en la escuela y en la comunidad.
Más tarde fui la creadora del proyecto de la primera escuela inclusiva en la ciudad, en donde recibimos a niños con todas las discapacidades, defendiendo a la educación como un derecho humano básico para todos.
En el año 2011 la Universidad del Azuay me encargó promover la inclusión y desde ese momento he estado a cargo del programa UDA Accesible. He sido además coautora del programa de maestría en Educación Básica Inclusiva que se oferta en la Universidad del Azuay.
Tuve la suerte de coincidir con tres grandes investigadores que supieron orientar mi entusiasmo en la etapa de formación como doctora: Inmaculada Fernández Andrés, Raúl Tárraga Mínguez y Gemma Pastor Cerezuela, profesores de la Universidad de Valencia.
Ellos me pusieron como desafío estudiar indicadores de educación inclusiva en Ecuador y de esta manera poner en evidencia esta realidad. En el proyecto se involucraron profesionales y pasantes para trabajar con más de 2000 niños, sus padres, profesores, directores y entorno escolar.
El resultado de esta investigación fue calificado como una herramienta muy potente que muestra radiográficamente la estructura del sistema educativo ecuatoriano.
Actualmente trabajo con otros investigadores en un proyecto que busca generar procesos para que la ciudad de Cuenca se vuelva progresivamente inclusiva; planeo además regresar a las escuelas para seguir aprendiendo de los niños y replicar sus enseñanzas en mis investigaciones y en las aulas universitarias donde soy maestra de futuros maestros.
Doy las gracias a las escuelas que no sabían cómo encontrar el potencial en mi hermana, pues fueron mi mayor desafío. Principalmente le doy las gracias a mi hermana quien sigue siendo mi mejor maestra.(O)

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