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Después del ‘Óscar’ en turismo, ¿qué viene?

Ecuador fue el más premiado de los países latinoamericanos durante el evento organizado por World Travel Awards, en México. Compitió en 26 categorías y obtuvo 14 galardones. Entre los premios alcanzados se distinguen Cuenca, Guayaquil, Quito y Galápagos, como destinos turísticos extraordinarios. ¡Felicitaciones!
El turismo es una actividad económica muy interesante y democrática. Se dice que es como la lluvia... ‘moja a todos’: hoteles, restaurantes, artesanos, artistas, taxistas, empresas de transporte aéreo y terrestre, agencias de viajes, etc., se benefician del turismo receptivo. Los mayores éxitos se consiguen al combinar esfuerzos públicos y privados. Ecuador, desde el 2007, mejoró su infraestructura vial, portuaria y aérea y realizó un cambio esencial para el turismo: incrementó de 3.500 a 45.000 los kilómetros de fibra óptica para ampliar, modernizar y democratizar las telecomunicaciones.
Se mejoró y amplió la planta y ofertas turísticas. Los visitantes extranjeros pasaron de seiscientos veinte y siete mil turistas por año, en el 2000, a 1'418.000 en el 2016, (en 2006 llegaron a 840.000). El aporte del turismo al PIB, pese a su crecimiento, es aún pequeño. 1,83% en el 2007 y 2,1% en el 2016. Los cambios logrados, siendo importantes, son aún modestos frente a nuestras verdaderas potencialidades.
España ha conseguido que las actividades turísticas contribuyan con el 11,1% a su PIB. Otros países con importantes indicadores de participación del turismo en el PIB son: Brasil 9,6%, Perú 9,3%, México 8,7%, Cuba 7% entre otros. Para provocar el ‘gran salto’ en turismo interno e internacional y una participación más importante en nuestro PIB se requieren nuevas actitudes y algunas decisiones urgentes.
Por ejemplo, resulta contradictorio que Cuenca obtenga un premio internacional como ‘mejor destino turístico de vacaciones’ y, por errores de gestión en la empresa que administra su aeropuerto y en las aerolíneas que operan desde y hacia nuestra ciudad, se haya disminuido a menos de la tercera parte el número de vuelos, que teníamos hace cinco años, a Quito y Guayaquil. También es inentendible que, con el pretexto de ‘controles de seguridad’ o falta de claridad en las competencias sobre tránsito, agentes civiles detengan momentáneamente a viajeros, en el Cajas, para verificar si son ‘verdaderos turistas’ e insistan en obstaculizar el desarrollo de servicios de transporte terrestre, con pequeñas furgonetas que operan con el sistema ‘puerta a puerta’, para evitar recoger pasajeros desconocidos en el camino.
Es urgente terminar el ‘tranvía’, que en los últimos tres años -por la falta de planificación y deficiente ejecución de obras- se ha convertido en una pesada carga para la mayoría de actividades turísticas ubicadas en el Centro Histórico de Cuenca y un suplicio para los vecinos ubicados a lo largo de toda su ruta. (O)

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