Columnistas /

México: un cementerio de periodistas

Javier Valdez Cárdenas, cronista mexicano del estado de Sinaloa, es la más reciente víctima en la guerra no declarada entre el periodismo y las mafias del narcotráfico y crimen organizado mexicano que cuentan, en un alarmante número de casos, con la complicidad por acción u omisión de autoridades de distinto rango, lo cual permite un escandaloso estado de impunidad ante muchos de estos crímenes.
Varios tiros por la espalda acabaron con la vida de Valdez mientras caminaba por las calles de Culiacán, ciudad en la que había nacido hace cincuenta años, al dirigirse a la redacción del diario donde trabajó toda su vida. Comprometido con las historias de la gente común, víctimas silenciosas de la violencia que se ha tomado partes del país, Valdez construyó un estilo que le ganó reconocimiento nacional e internacional por escritos donde se reflejan crónicas humanas y sencillas escondidas dentro de una estructura criminal que parece haber desbordado al estado mexicano. Valdez nunca pudo ser indiferente ante el drama de la violencia criminal y sus crónicas, ese sencillo acto de escribir relatando historias, le costó la vida.
Pocos meses atrás el periodista de Sinaloa había dicho, en relación al asesinato de Miroslava Breach, periodista mexicana reconocida por su labor como investigadora en torno a violaciones de derechos humanos y corrupción, asesinada en el mes de marzo en Chihuahua, que “a Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio.” Valdez es el sexto periodista asesinado en México en lo que va de 2017.
El asesinato de periodistas es el acto más cobarde e incalificable posible en lo que puede ser un proceso de construcción de debates en la esfera pública, porque enfrenta balas contra palabras y demuestra que el miedo que esas palabras provocan en los criminales, sin duda porque aquellas transmiten la verdad de las víctimas, nos conduce a la peor de las “soluciones” posibles: quitarle la vida a quien resulta incómodo. Un mundo así resulta un infierno. En lo particular no entiendo por qué, en este caso, no se produce aun un escándalo a nivel continental por lo que está sucediendo.
Modestamente y a la distancia quiero rendir un homenaje desde esta columna a esos hombres y mujeres del periodismo y las letras mexicanas cuya voz ha sido acallada por la violencia criminal, para decirles que su ejemplo cala hondo más allá de las fronteras de su país y que quienes cultivamos una cultura de paz en Latinoamérica y el mundo, nos quedamos con sus valientes y valiosos escritos así como con la luz de su sonrisa como testimonio de vida. (O)

Visto 347 veces


Publicidad