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Consumimos demasiado

La sociedad contemporánea es en muchos aspectos la forma histórica mas depurada de la Humanidad. Los avances en ciencia y tecnología, transforman la vida y dibujan panoramas sociales con realidades cada vez mejores y con mayores posibilidades de mejoramiento para muchos. El desarrollo científico -desde este enfoque positivo- exige una nueva filosofía para comprender la vida y una nueva moral orientada a la igualdad, a la libertad y al respeto. Lo que antes era vedado e incorrecto, hoy es aceptado por constituir manifestaciones naturales pese a no coincidir con paradigmas preestablecidos desde formas de pensar basadas en dogmas de todo tipo.


Hoy lo multicultural, lo diverso y el criterio de sostenibilidad son conceptos que forman parte estructural del discurso moral y jurídico de las organizaciones de naciones del planeta; y, claro, de los propios Estados y de los individuos. Hemos avanzado mucho conceptualmente y también en la realidad. Lo que no quiere decir que los problemas estén resueltos, que la justicia sea más clara, que se haya alcanzado la equidad, erradicado la pobreza, eliminado la corrupción, que el mercado de compra venta de armas no exista, que la trata de personas no sea una de las actividades más aberrantes y boyantes de la contemporaneidad, al igual que el narcotráfico o la avasalladora contaminación ambiental con todas sus secuelas de destrucción y riesgo planetario.


En este marco de progreso, deterioro y peligro inminente, tienen lugar -entre nosotros-  fuertes procesos culturales de educación formal y no formal relativos al desarrollo de niveles de conciencia que permitan comprender temas tales como formas de gobierno, autoritarismo, demagogia, capitalismo, mercado y consumismo. Desde hace algunos meses, por una serie de circunstancias, los precios de los artículos en general y los de consumo básico, en el Ecuador, suben constantemente. Lo que ayer tenía un precio, al día siguiente tiene uno mayor. Esta situación y otras relacionadas, son el producto de decisiones internas y de circunstancias del mundo internacional. Es el escenario de la política en general y de la económica en particular.


También estamos los individuos que podemos ser mejores frente al gasto. Consumimos demasiado, compelidos por el mercado y su frontal y subliminal publicidad para que lo hagamos. Este tipo de decisiones tiene que ver con la propia formación frente a la vida y a lo que importa más. Me parece que deberíamos consumir mejor y mucho menos. Y, desde esa acción, podríamos también, ser mucho más felices. (O)

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