Opinión
Por: Manuel Neira C. | manuelignacioneira@hotmail.com
Manos limpias, corrupción...?
Fecha de Publicación: 2012-08-11
La vergonzosa falsificación de las fichas de inscripción de los partidos políticos en el Consejo Electoral acapara la atención nacional del momento; sin embargo, no se pueden dejar pasar otros temas, que también preocupan al país, como las denuncias de peculado y corrupción en la contratación pública, presentadas en estos mismos días.
Una de esas denuncias tiene connotaciones especiales por provenir de un alto funcionario del propio gobierno de Alianza País, del doctor Jorge Luis González, hasta ayer Director del Instituto Nacional de Compras Públicas, quien acaba de renunciar por sentirse impotente para “corregir conductas que aún se observan en la contratación pública”. Entre esas “conductas” cita ejemplos por demás elocuentes:
- Para acogerse a las preferencias que, al tratarse de compras públicas, concede la Ley a los bienes nacionales, “muchos proveedores mienten en contubernio con los funcionarios públicos...” - Se establecen “especificaciones que solo puede cumplir una marca...” - Se descalifican ofertas - que cumplen requisitos- por cambio de “la metodología en el momento de la calificación...” - A punto de adjudicarse un contrato “ , con informe favorable de la comisión evaluadora, la máxima autoridad declara desierto porque no le gusta el proveedor...”
Otra denuncia no menos preocupante se refiere al proceso licitatorio para la “Contratación de los trabajos de preparación del área de implantación del proyecto de la Refinería del Pacífico”; la presenta el Consorcio Aromo del Pacífico, integrado por las compañías ecuatorianas Hidalgo Hidalgo Construcciones S.A y Herdoiza Crespo Construcciones S.A, que puntualiza, una a una, las violaciones a la Ley y la manipulación de los trámites, para favorecer, en perjuicio del consorcio, a una empresa extranjera, cuya solvencia financiera cuestiona...
Entre los compromisos básicos del Gobierno del presidente Correa está el de imponer en el Ecuador una revolución ética que destierre para siempre la corrupción y garantice, como consecuencia, una administración pública diáfana, pulcra, de manos limpias... Este compromiso, si hablamos de coherencia, le obliga a disponer la investigación y esclarecimiento de estas denuncias y velar porque la disposición se cumpla con estrictez. No hacerlo, afectaría el decoro nacional y la credibilidad del Gobierno que -debe repetirse- pregona, como política de estado, la “lucha frontal, franca, total, contra la corrupción y la construcción de un país de transparencia”.
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