Opinión
Editorial EL TIEMPO | saludos@eltiempo.com.ec
Evaluación a transportistas
Fecha de Publicación: 2012-06-20
La Agencia Nacional de Tránsito, no sin reclamos de parte de la dirigencia del transporte, arrancó con la evaluación a miles de transportistas interprovinciales e intercantonales. El proceso corre a cargo de ANETA y cada uno de los profesionales a ser evaluados deberán rendir tres pruebas, que tienen que ver con las normas de tránsito y transporte, manejo, y parámetros que tienen que ver con las aptitudes psicomotoras y emocionales del conductor. Este tipo de evaluaciones, que en otros países son la norma desde hace tiempo, en el Ecuador han generado reacciones y hasta protestas en un gremio que ha estado acostumbrado, por desgracia, a no rendir cuentas y no mantener procesos evaluatorios que son necesarios en cualquier actividad, ni se diga en aquellas que tienen a su cargo la seguridad de los usuarios y en las vías, como es el caso de los conductores.
A nivel nacional, se cuestionó que sea ANETA la encargada de cumplir las evaluaciones, y se llegó a plantear de parte de algún dirigente, que los propios sindicatos de choferes fuesen los encargados de estas evaluaciones, que de suceder aquello serían nada menos juez y parte en el proceso evaluatorio. Igualmente, a nivel local se planteó que sea la Universidad la encargada de esta evaluación, ya que ANETA no representaría una instancia idónea. Esto debió quizá proponerse de manera oportuna. Pero no cabe asumir la desconfianza, real o supuesta, como mecanismo destinado a no convalidar un proceso de evaluación a los transportistas que desde cualquier punto de vista se ve necesario, inclusive para los propios evaluados, que de esta manera podrán verificar tanto sus fortalezas como debilidades, y respecto a estas últimas mejorar sus niveles de desempeño profesional, como, insistimos, sucede en toda actividad.
De este proceso de evaluación la ciudadanía espera, sobre todo, que de acuerdo a sus resultados se den instancias de mejoramiento en la capacitación profesional de aquellos que no hayan pasado los niveles exigibles en las pruebas, para de esta manera contar con conductores idóneos, ya que desgraciadamente existen en algún porcentaje los rezagos de la alegre manera con que en épocas anteriores se concedía las licencias profesionales, luego de cursos no precisamente confiables de capacitación.
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