Opinión
Por: Roberto Senese | robertosenese@hotmail.com
¡Basta de violencia moral!
Fecha de Publicación: 2012-06-09
Recuerdo haber leído que, cuando sólo lo extraordinario y catastrófico es noticia, lo cotidiano es irrelevante. Y es cierto. Entre el miedo a pecar, esa forma tan insoportable de aparición de la ética, y el sabio aprendizaje del “¿a mí qué me importa?”, un cierto silencio se adueña de la vida pública, en pro de un falso respeto democrático.
¿Cómo se explica, si no, la programación matutina y vespertina de la inmensa mayoría de los canales de televisión, por más que se recurra al, “la gente lo quiere”? Esas mesas de trabajo de discusiones interminables y ridículas, agresivas e indignas, sobre la vida de las personas sencillas y de lo más bajo y morboso, son “violencia moral”. Hay que analizar caso por caso, como también se dice, de acuerdo, pero al fin y al cabo son violencias y deshonestidad.
Existen actitudes deshonestas como la hipocresía, aparentar una personalidad inexistente y mentir continuamente; el simular trabajar o estudiar para no recibir una llamada de atención de los padres o del jefe inmediato; el no guardar en confidencia algún asunto del que hemos hecho la promesa de no revelarlo, no cumpliendo con la palabra dada, los compromisos hechos y la infidelidad.
Si queremos ser honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscar la manera más eficaz de superarlos, con acciones que nos lleven a mejorar todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia a nuestros semejantes, rectificar cada vez que nos equivoquemos y cumplir con nuestro deber en las labores grandes y pequeñas sin hacer distinción.
Sí, cierto, pero todo tiene un punto, y el de la dignidad de las personas, de todas las personas, es un punto y aparte, y el que lo traspasa, lo traspasará fácilmente en el trabajo, en el carro, en la casa, en fin, en la vida. Y otra vez justificamos en decir y pensar , que todos tenemos zonas morales frágiles y fallos personales serios, porque esto es disfrazarlo todo para ocultar lo inaceptable: cuando el racismo, la violencia, la hipocresía, la xenofobia, la homofobia y la deshonestidad aparecen en cualquier lugar hay que identificarlos y atajarlos. ¿O es que la conciencia democrática no está especialmente extendida entre nosotros? ¿O es que la ética de la dignidad igual de todos no es, precisamente, el valor mejor asimilado por la gente? Tenemos mucha tarea por delante.
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