Opinión
Por: Eugenio Lloret O. |
Incertidumbre
Fecha de Publicación: 2010-10-12
¿Por qué el presidente Rafael Correa que logró que este país recuperara la confianza en sí mismo lo ha sumido ahora en la incertidumbre? Interrogante obligado en medio de la perplejidad política y un acelerado desgaste, de imprevisibles consecuencias.
Sin desconocer sus dotes de estadista o su capacidad de liderazgo y de trabajo, hay un visible agotamiento del modelo de gobierno, de su estilo de conducción y de sus propias políticas.
El Presidente no lo ve así, por supuesto. Y hasta ahora nada ni nadie lo convence de que tiene que cambiar de actitud, mismo que cada día sorprende, incluso, a muchos de quienes cercanamente dicen conocerlo.
Obliga a preguntarse, en todo caso, por las razones que le asisten en su estilo de gobernar. ¿Prepotencia o simple falta de ella? ¿Mesianismo o politiquería? o franco convencimiento de que sin él se desmorona el país.
No sabemos cuántos o cuáles sean las motivaciones. Pero basta con constatar que el Presidente ha logrado convencer a medio país de que: Correa o el caos, la revolución ciudadana o el regreso al pasado, con lo cual, ha introducido hasta extremos dramáticos la confrontación entre poderes públicos y varios sectores organizados en desmedro de la democracia.
Rafael Correa triunfó con un programa centrado en un proceso constituyente, completado en 2008, para refundar el Estado y la democracia, fortalecer las instituciones a costa de los poderes fácticos tradicionales, priorizar el gasto social y alcanzar la soberanía energética y financiera. Sus divisas de la revolución ciudadana y el socialismo del siglo XXI, controvertidos, han sido, empero, respaldadas en las urnas, en dos referendos y en dos elecciones, la última de las cuales, en abril de 2009, revalidó sus mandatos hasta 2013.
¿Qué hace falta? Calma, serenidad y generosidad. Menos intransigencia y sectarismo. En las cualidades humanas rara vez, el egoísmo, el aferramiento a criterios unilaterales que descartan el examen del problema para deducir soluciones en vez de pugnas rabiosas, no sólo impiden arreglos en los desacuerdos, sino que generan conflictos y choques de efectos disolventes.
La política no puede entenderse como conflicto, así la disparidad de conceptos pueda desembocar las más de las veces en tales conflictos.
El país afronta demasiados y muy agudos problemas que demandan dedicación a tiempo completo en la búsqueda de soluciones. Si la controversia desbordada, el conflicto diario devoran el tiempo, las energías y la calma necesarias para pensar y actuar desde el Gobierno, todo lo hasta ahora logrado se caería como un castillo de naipes.
| |
|
1 Opiniones
Queremos saber tu opinión:
-
Nuestros Boletines
Reciba los últimos titulares en tu email





