Opinión
Por: José Serrano G. |
Tiempo desconocido (II)
Fecha de Publicación: 2010-09-03
Si Aristóteles fue el más universal intelecto en el soleado mundo de los clásicos, Descartes fue el hombre que inició la Edad Moderna. A Descartes le venían las ideas, como le venían al ardiente africano San Agustín, por “iluminación divina” para el santo africano; “iluminación interior”, para el racionalista francés. (Por cierto que tras Descartes, Leibniz será el hombre que en sus “iluminaciones” mejor simbolice el destino intelectual de Europa. Su mente prodigiosa, de genial integrador, lo abarcaría todo: lógica, física, biología, matemáticas, leyes, historia, lingüística, filosofía). Pero antes de Leibniz, Descartes, con su concepto de una sola y perfecta scientia, en vez de muchas como concibió Aristóteles, simplificó la tarea del hombre moderno.
De Galileo a Descartes sobreviene la gran crisis europea. Con ambos pensadores se realiza el verdadero retorno a la claridad y la naturaleza, como antes de ellos el Renacimiento fue retroceso, confusión y crisis. El genio de simplificación de Descartes salva al hombre europeo, que estaba perdido por las contradicciones del Renacimiento. Descartes acepta que no es el mito, sino la idea simple, clara y distinta lo que importa. Valiéndose de la razón, hace que el hombre recobre la confianza en sí mismo y viva desde y en la Historia. Con Bacon y Descartes la vida humana se traslada del pasado al futuro. Francis Bacon publica en 1620, su Novum organum (reto al organon de Aristóteles), basado en la experiencia. Descartes publica, en 1637, su Discurso del método, basado en el racionalismo. De ambos filósofos emana el pensamiento científico moderno, basado en la experiencia con Bacon y en la razón con Descartes.
Desde los 20 años Descartes ya sabe su camino. Lo sabe desde que deja un papel escrito que dice: “Qué camino elegiré en la vida? Por fortuna eligió el oficio de pensar y se convirtió, como dijo Peguy, en “aquel caballero francés que echó a andar de tan buen paso”, y que, como Galileo, inició una interpretación mecanicista del mundo e idealista del hombre. Para Descartes, el mundo fue puro mecanismo, máquina de máquinas, ¡el germen de nuestra nueva técnica!
Era el alma, para Descartes, exclusiva espiritualidad. (La ciencia era entonces, como es hoy –hablamos con perfecta convicción de lo que decimos-, poesía, fantasía, edificio imaginario. ¿Qué otra cosa son los actuales conceptos de átomos, electrones, virus, el universo, los quanta y los genes, sino poéticas concepciones aún no probadas por hechos?)
Fue Descartes el mayor genio de Occidente en la Edad Moderna, el gentil hombre que dulcemente enunció la auténtica verdad europea y nos enseñó a todos a pensar, como los filósofos milesios nos habían enseñado hacía milenios a plantearnos formidables interrogaciones.
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