Opinión
Por: Aurelio Maldonado |
Matanza
Fecha de Publicación: 2010-09-03
El hombre llegó al punto de irrespeto a la vida degradándose en la escala de las especies y constituyéndose en la peor de todas, que fulmina y masacra a semejantes, sin el menor resquemor. Los leones, que parecen brutales y crueles cuando matan los cachorros, buscan con ello el término de una sangre y el comienzo de su progenie vigorosa y nueva, más, el hombre, mata la mayoría de veces, con la sola opción del dinero fácil, el rencor o el odio fanático religioso o de razas antagónicas.
Terminar con la vida de los migrantes de la manera como lo hicieron en México, demuestra que quienes dispararon, son hienas sin escrúpulos ni piedad, pues una vez tomados presos, maniatados y conducidos a un galpón alejado y solo, les formaron en fila y dispararon a mansalva para terminar con ellos, de forma parecida y despreciable como en la época nazi, donde también la vida era solamente una tibia opción ante la muerte aleve.
La muerte se pavonea en el mundo entero, con sus oropeles teñidos de sangre, crueldad y desparpajo. ¿Qué enorme número de migrantes, muchos considerados como desaparecidos, habrán tenido un final terrible, de esta índole? ¿Cuántos de los que soñaron con una mejor vida y emigraron para buscarla, solo encontraron tierra árida donde terminar con sus huesos?
En nuestro medio, el sicariato que enraíza sus tentáculos peligrosamente, nutrido por mafias y la savia de la droga, cada vez es más audaz y repetida su figura, volviéndose peligrosamente en acto diario y reconocido que la sociedad acepta fríamente como una estadística más, mientras el abatido no sea un familiar.
Creo que debería contemplarse prontamente la posibilidad de liberar la droga, de tal manera que el que quiera acabar con su ser y convertirse por su mano, en un guiñapo, lo haga y entonces y en seguida, se acabarían los cultivos, los paramilitares y traficantes, los grupos mafiosos acólitos de la muerte e incluso, las sectas religiosas que camuflan su maldad en la fe de la gente, que terminarían sin recursos y la muerte no sería para ellos un medio de alcanzar un fin prostituido y protervo.
El hombre tiene que volver los ojos a la vida, caso contrario, transitaremos por las nefandas rutas del oscurantismo, la irracionalidad y la crueldad, que degradan a la más pensante de las especies, la humana, al submundo del animal que mata sin la menor contemplación y por el solo placer de hacerlo o por beneficiarse de alguna torcida forma, del vil asesinato y la matanza.
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