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Opinión

POR Por: Eugenio Lloret O. |

Lo que no tenemos

Fecha de Publicación: 2010-02-23

Un juez es la persona que tiene jurisdicción y competencia para juzgar aplicando la ley sobre una demanda, su respuesta y las pruebas que las partes someten a su conocimiento.

El Juez con mayúscula debería tener condiciones tales de transformar lo ambiguo, lo abstracto, lo complejo, en algo jurídicamente concreto y definitivo mediante la correcta interpretación de la ley. Esto solo se logra desde la sabiduría jurídica y desde luego con la integridad y honestidad moral personal del juzgador. Cuando varios de los jueces tienen prioridades tales como la política, el protagonismo, la mentira, el pago de favores y otros similares a la corrupción, por encima de una aplicación verdadera y única de la Justicia, la Constitución y las leyes, se llega lastimosamente a estados de podredumbre general del sistema judicial como el que vivimos a diario en Ecuador. Esto no quiere decir que no haya jueces y fiscales probos en el país, aunque cada día sean menos, sino que el delictivo accionar de muchos ha perjudicado a todo el sistema judicial, incluyendo la imagen de quienes efectivamente son probos en la administración de justicia.

El juez debe ser un ciudadano ejemplar para transmitir a la sociedad justicia verdadera y un Estado de Derecho sin discriminaciones, en el que se respeten y hagan prevalecer los derechos y garantías constitucionales de todos por igual, tanto del particular como del Estado, del pobre y del rico, independientemente de su raza, origen, cultura y del partido político al que pertenezca.

Ahí está el desafío permanente, en construir una verdadera Justicia para todos, en que los jueces y los fiscales mercenarios o ladrones no tengan más participación, porque el doloso accionar perjudica a jueces y fiscales probos así como a la sociedad.

La inseguridad jurídica, la falta de independencia de las decisiones de los jueces sigue campante, nada ha cambiado desde el 2005 y la transformación profunda en la administración de justicia continúa siendo una promesa incumplida. La politización afecta a su majestad.

Donde están los mejores hombres y mujeres que con manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes por la Patria, dirijan al Poder Judicial, y desde esa tribuna, eliminen con su ejemplo, su sabiduría y su consagración ciudadana los nefastos males que afligen a uno de los poderes más fundamentales del Estado. Quienes permiten que la administración de justicia se hunda en el pantano de la mediocridad y la corrupción están trabajando para la contrarrevolución.

 





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