Cuenca

"Agua para los niños"

Por: Rosalía Arteaga Serrano    Correo: rosaliaa@uio.telconet.net

La memoria tiene tan increíbles desdoblamientos, tan escondidos meandros; una sola alusión, un mensaje que aparentemente nada tiene que ver, acciona como un disparador y se vienen los recuerdos, como en cascada, con una fuerza que lo avasalla todo, o se quedan allí, latiendo como una espinita a la que hay que hacerle caso, so pena de que nos hinque y por un largo tiempo.




Así, primero un e-mail, un famoso correo electrónico, de aquellos que circulan por el Internet y que algún cariñoso amigo nos hace llegar, hablándome del agua, y de la necesidad de tomar los consabidos ocho vasos diarios, si queremos mantener nuestro organismo estable, saludable; y luego, una imagen de la catástrofe de Haití, que no nos deja dormir tranquilos mientras la situación no encuentre una salida humanitaria, con el concurso del planeta en su conjunto; decía, una imagen de una larga cola en Puerto Príncipe,  en la que los soldados norteamericanos entregaban botellas de agua, y en la que pude apreciar como un niño haitiano, con una gran sonrisa en su rostro, saboreaba por anticipado el contenido de la botellita, deslizando su lengua por los labios resecos, mientras sostenía ese tesoro en sus manos, como si de la golosina más extraordinaria se tratara, me dijeron que tenía que escribir sobre el agua y mis recuerdos.




Y es que sin el agua no existe la vida, el agua es tan escasa, el agua de calidad no abunda en el planeta, solo unos cuantos privilegiados tenemos acceso a ella, por lo que debemos cuidarla con esmero, si no queremos que los apocalípticos vaticinios de guerras globales por el líquido elemento se cumplan.




Pero, volviendo a mis recuerdos disparados por las imágenes, tengo tan presente a la Katy, la de siempre, que nos ha cuidado, ha cocinado para la familia, se ha afanado en múltiples quehaceres, tanto que sin ella la casa de mis padres no sería la misma. Bueno, ella, desde que tengo memoria, entraba en nuestra casa, y también a otras en la que sabía que había niños pequeñitos, con un grito de "agua para los niños", a todo pulmón; causando desconcierto en las familias, pensando que la aquejaba alguna especie de locura. Pero la verdad es que lo único que quería era que no se olviden de que los niños tienen sed, y cuando son pequeñitos no aciertan a pedir, o se confunde su desasosiego con cualquier otra cosa, cuando se puede calmarlos muy fácilmente, dándoles agua pura para beber, nada de jugos, gaseosas...solo agua.




La Katy sigue en la casa, no se le olvida que hay que dar de beber agua a los niños, que hay que regar las plantas. Por la Katy han pasado los años, como por cualquiera de nosotros, sigue conservando la vivacidad en los ojos, la habilidad en las manos para preparar incontables deliciosos guisos, y su decir de "agua para los niños" que se me ha quedado grabado para siempre, y que seguramente repetiré para mis nietos, cuando los tenga.




 


Fecha de Publicación: 2010-02-09

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