Por San Valentín
Por: Eliécer Cárdenas Correo:
En este año, el Día de San Valentín, es decir la fecha dedicada al amor y la amistad coincide con el Carnaval, también festejado, pero no con flores ni tarjetitas conceptuosas sino con agua y más agua. En este fecha, el Amor y la Amistad han realizado verdaderos milagros, como ver al serio general Paco Moncayo en cálido “romance político” con el vástago de Abdalá, Dalito que debutó más o menos en la Asamblea Nacional y que tiene el sueño de ver a su papacito libre de las feas acusaciones que le han venido formulando, desde que los famosos “chicos” de la no menos fabulosa camioneta golpista le desalojaron del poder.
Paco Moncayo cursó por tal motivo una misiva a Dalito, señalando que él ni vio, ni sintió, ni escuchó siquiera lo de los talegos de billetes que presuntamente se robaron cuando Abdalá caía y abandonaba Carondelet convertido en su Baticueva. Paco ha honrado así la amistad con el Bucaram junior, pero le han salido al paso otras versiones, como la de Rosalía Arteaga, que le solicita memoria al general hoy asambleísta.
Sin embargo de ello, lo de los costales repletos de billetes durante la estrepitosa caída de Abdalá se ha vuelto tan fabuloso como el tesoro de los Llanganates que supuestamente son el oro que Atahualpa ofreció a los conquistadores españoles para que no le enjuicien y le maten. El número de los talegos de billetes se desconoce, igual que la identidad de quienes se llevaron esos costales de dinero del Banco Central, y a tantos años del presunto suceso, ya nadie quiere acordarse de ello. ¿Fue un sueño, una fantasía, una pesadilla? Nuestra Justicia no ha dicho ni pío al respecto, pese a que en torno a ello hubo inclusive muertos.
Todo sea por el Amor y la Amistad, que a veces sacude hasta a los políticos más curtidos y a los generales más plantados. Paco Moncayo sostiene que nada tiene que ver con ninguna repentina amistad suya con el clan de Abdalá, y Dalito indica que simplemente Paco actuó con decencia y veracidad. Pero San Valentín y su memoria deberíamos creer en ese desinteresado intercambio de piropos y gentilezas, siempre y cuando nuestra justicia despierte de su letargo e investigue cuánto hubo de verdad o cuento en los de los talegos repletas de billetes en el día de la Camioneta golpista.
Fecha de Publicación: 2010-02-09
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