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Opinión

POR Por: Eugenio Lloret O. |

Tarea incompleta

Fecha de Publicación: 2009-08-06

Un 30 de abril de 1948, en Bogotá, Colombia, veintiún países firmaron la Carta de la Organización de los Estados Americanos, teniendo entre otros objetivos respetar la soberanía y luchar por la democracia. Ha evolucionado el contexto político mundial de manera radical, pero la esencia de lo que debe ser este organismo sigue siendo la misma. La OEA es un foro hemisférico de debate y discusión sobre hechos importantes de la realidad política del continente para llegar a acuerdos que beneficien al desarrollo y plena vigencia del sistema democrático y analizar las discrepancias con el diálogo como único instrumento par ala solución pacífica de las controversias entre los Estados o al interior de ellos.

Las últimas actuaciones de la OEA en el caso concreto de Honduras demuestran, sin embargo, que ha perdido todo sentido de orientación justicia con relación a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana y la Convención Americana de Derechos Humanos, a pesar de que con lógicas razones suspendió a Honduras para no convalidar un golpe de Estado y dejarlo como precedente nefasto para la salud de la democracia, no sólo de ese país, sino de todo el continente.

La aplicación de la Carta Democrática Interamericana, en el caso que nos ocupa, responde a criterios políticos coyunturales según los cuales se trata de manera arbitraria a los Estados. Sí se actuaría correctamente y se resuelve por una aplicación imparcial otra sería la realidad frente a las relaciones, Estado de derecho y Derechos Humanos. Sí procedemos así en lugar de fortalecer estas instituciones las estamos debilitando, porque sencillamente bajo el membrete de democráticos se escudan distintos gobiernos que acceden legítimamente al poder, pero que lo ejercen sin respeto al Estado de derecho o a los derechos humanos, y, a la inversa, gobiernos cuyo origen no emana de una decisión libre y soberana del pueblo, con el pretexto del respeto al Estado de derecho y los derechos humanos podrían pretender legitimarse ocultando el vicio de origen que los descalifica.

Hoy, ni un solo gobierno de los países miembros de la OEA ha surgido de un proceso que no sea el de la expresión soberana de la voluntad de las mayorías y por eso el desafío de seguir fortaleciendo los principios democráticos debe ser permanente y radical para señalar cuáles son los indicadores idóneos que permitan afirmar que un determinado régimen político ha violado la Carta Democrática Iberoamericana.

En el caso de Honduras se trata de un desacato a un pronunciamiento unánime de sus países miembros que han condenado la dictadura y piden el regreso de Zelaya como única solución al conflicto.


 





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