Un buen desayuno en el mercado Diez de Agosto
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Laura Cajamarca es una de las especialistas de jugos y batidos del mercado Diez de Agosto. Ella tiene 47 años y se dedica a este oficio desde hace 20. Diego Cáceres | EL TIEMPO |
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Son las 07:20. Los aromas empiezan a fundirse en el mercado Diez de Agosto. Rogelio Brito, de 65 años, pone sobre el mesón de cerámica del puesto 445 los seis galones de morocho que ha preparado para este miércoles de mayo.
Fecha de Publicación: 2012-05-27 00:00
El ambiente es todavía silente. Hace frío, pero el vapor despedido de las ollas donde se cosen los tamales, las humitas y las pastillas de chocolate genera ligeras olas de calor.
Ahora las alargadas empanadas de viento se sumergen en el aceite y en breve el queso y el quesillo desprenden un olor que provoca y atrae como imán al puesto 462 de Lourdes Chimbo, la especialista de las empanadas en el sector de los desayunos del mercado.
07:40. En la larga hilera de tiendas las radios han sido encendidas y ahora los alimentos se preparan al ritmo de la cumbia, la tecnocumbia, los pasillos, la salsa y los noticieros de la mañana.
Los comensales empiezan a llegar. Vienen en las gradas eléctricas mirando la disponibilidad de las mesas. Dejan las gradas, abordan el segundo piso del mercado y caminan a sentarse.
Hay de donde escoger. Son muchas las opciones para desayunar de forma suculenta en el mercado Diez de Agosto, que tiene en su segunda planta un verdadero universo de sabores criollos para todos los gustos, para desayunar, tomar un jugo en la media mañana o disfrutar de un almuerzo a través de una gran variedad de platos típicos.
El mesón de Rogelio Brito es un deleite para la vista. Con solo acercarse se hace agua la boca y se cava un vacío en el estómago. Este cuencano de 65 años se levanta todos los días a las 03:00 y junto a su nuera Sonia Barba preparan los alimentos para llenar la mesa. Él heredó el negocio de su madre, Rosario, que por cuestiones de salud dejó su oficio a los 85 años.
No resulta fácil resistirse ante las bandejas de galletas con nata, tortillas de choclo, sánduches de queso con pan caliente (entre las 07:00 y las 08:00) o negarse al dulce y caliente olor del morocho, el chocolate, las humitas y los tamales. Allí huele rico.
Opciones
Por un rato este pasillo se puede convertir en un self-service. Rogelio no vende jugos ni batidos, pero dentro de los 30 puestos en activo de esta categoría hay cinco para completar el desayuno con una bebida.
Así lo hace Jorge Andrade. Él ha llegado hambriento a uno de los comedores del mercado. Pidió un morocho, un tamal de pollo, un sánduche de queso y llevó su bandeja hasta el puesto de Laura Cajamarca para completar el menú con jugo de naranja.
La tienda de Laura es todo un hábitat de colores. Son muchas las opciones para tomar allí una buena bebida. Ella tiene batidos de zanahoria, remolacha, alfalfa, manzana, coco y un batido mixto con estos ingredientes más una dosis de extracto de malta y un poco de huevo criollo o avestruz.
“Con estos batidos uno se siente más potente; tienen vitaminas y son buenos para las salud”, dice Laura, quien lleva 20 años dedicada al oficio en el lugar.
Pero Jorge no se quedó satisfecho. Quiere algo más. Deja el puesto de Laura y se dirige al de Lourdes Chimbo, quien vende las empanadas de viento más grandes del mercado Diez de Agosto. Compra una en 50 centavos, le agrega más azúcar y se va a sentar.
“Venir de mañana al mercado es delicioso por el ambiente de alegría y la buena comida. Todo es limpio y barato”, dice Jorge luego de disfrutar concentrado y en silencio su desayuno de miércoles. Él es un empleado público que va al mercado al menos unas dos veces por semana.
Esa costumbre también ha sido adquirida por Vicente Gómez, de 30 años, y por su esposa Mónica Calle, de 34. Al menos dos o tres veces por semana ellos vienen desde Ricaurte para comer en el mercado. En este miércoles han preferido algo más suculento y han ido al comedor de Elizabeth Carvallo, también heredera del puesto que le dejó su madre Gloria antes de morir.
Vicente y Mónica hoy desayunan con guatita, caldo de gallina, caldo de mocho y seco de pollo. “Nos encanta comer aquí porque es tranquilo, sanito, rico y barato. Siempre venimos y difrutamos”, cuenta, Mónica que come alli con su esposo desde que se casaron hace 10 años.
Ellos se encontraron con una variedad de recetas en el puesto de Elizabeth. Ella se levanta a las 05:00 e inicia su jornada a las 06:00. A esa hora empieza a preparar pollo frito, seco de carne, seco de pollo, pollo con menestra de fréjol o de porotos, caldo de gallina, de mocho, y otros platos típicos.
De todo
“Hola, mis amores, qué les doy”, saluda y recibe Lourdes Chimbo a un grupo de argentinos que ha quedado impactado con sus gigantes empanadas de viento. Vende cinco, recibe el dinero y despide a los visitantes con una larga sonrisa. “Volverán, volverán, con mucho gusto les atenderemos”, pide.
Ese es el semblante con el que ella y la gran parte de los dueños de los puestos del mercado trabajan entre 10 y 13 horas diarias. La cortesía y la alegría es para todos por igual. Allí van a comer pobres, ricos, jovenes, adultos, adolescentes, burócratas, profesionales, estudiantes, porque la comida y los sabores de los desayunos del mercado Diez de Agosto no conoce de clases sociales. A la hora de servir y comer con deleite eso no importa.
Agustín Reinoso O.
areinoso@eltiempo.com.ec
Cuenca.
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