Cuenca

La paja toquilla conquista nuevos segmentos

Alicia Ortega, presidenta de la firma Homero Ortega, junto a las nuevas tendencias y colores de sombreros de paja toquilla.

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Tres empresas cuencanas de producción de sombreros han diversificado su oferta ante la aparición de nuevos compradores

Fecha de Publicación: 2011-11-03 00:00

Están eternamente patentados como los “Panama Hat”. Pese a que muchos cobran vida y terminan de elaborarse en las tierras azuayas de Chordeleg, Sígsig, Gualaceo y Cuenca, en su interior va celosamente sellado el insistente “Panama Hat”.

Pero esto tiene sin cuidado a los productores y exportadores cuencanos. Ellos enfatizan que lo realmente importante es que el sombrero de paja toquilla es parte de la identidad cultural de los azuayos, y más bien hay que seguir haciendo buen sombrero para conquistar nuevos segmentos y mercados. 

A pocos les importa de que aún exista, en cierta medida, la percepción de que los sombreros de paja toquilla son panameños y no ecuatorianos.

A Julia Yunga, por ejemplo, le gustaría que los sombreros de Serrano Hat, empresa donde se desempeña como asistente de gerencia, vayan a Alemania, España o Argentina con la rúbrica de “Ecuatorian Hat”.

Yunga dice que es imposible cambiar la historia, aunque ésta haya sido contada miles de veces y muchos sí sepan de que un día a principios del siglo XX el sombrero viajó de Ecuador a Panamá y que este país, gracias a la coyuntura de la construcción del Canal de Panamá, mostró el producto al mundo y más tarde se apropió de los “derechos de autor”. Pero esto ya es cuestión del pasado. Hay otros retos.

Objetivos
Uno de los objetivos de los fabricantes y exportadores locales es seguir tratando de romper, para empezar, el “mercado de los prejuicios” y terminar de concientizar al entero de la sociedad cuencana sobre el verdadero tesoro artesanal que supone, en esencia, los sombreros de paja toquilla. 

Este proceso está en marcha. Julia Yunga, Alicia Ortega, de Homero Ortega, y Tania Valdéz, de La Paja Toquilla, concuerdan en que es evidente que nuevos públicos cuencanos están tomado conciencia sobre el valor de este producto y en efecto ha despertado el interés por conocerlo, adquirirlo y usarlo, algo que obliga a innovar en diseños, colores y tamaños para terminar de conquistar esos segmentos.

“Hay más valoración de lo cultural en Cuenca. La gente se está dando cuenta de la finura del sombrero, de lo que vale lo hecho en nuestra ciudad”, sostiene Yunga, de Serrano Hat. Ella opina que la mayor apreciación de los jóvenes y jovenes adultos de los productos de paja toquilla, de a poco, les está motivando a comprar sombreros y otros productos.  

“Hay un cambio ideológico y de pensamiento en el cuencano que le está acercando a los productos de paja toquilla. Nuestras salas reciben cada día más cuencanos de todas las edades”.

La transformación del pensamiento del que habla Yunga ha llevado a los diseñadores de Serrano Hat a ampliar la oferta enfocándose en targets con el afán de conquistarlos y en efecto lograr un posicionamiento.

Hay mayor variedad de productos. La gama de colores se ha diversificado. También se diseñan sombreros para mujeres de 20 a 40 años. Hay colores sobrios y fuertes en combinaciones en beige, café, negro, morado, verde, azul, lila, entre otros, en varios tamaños y acabados, algo que rompe los esquemas de las creaciones clásicas que estaban básicamente enfocadas en el público adulto.

Las opciones de diseños y colores también son variados para los varones. Hay sombreros para ir a la playa, al campo, para hacer deporte, sombreros estilo cowboy. “El factor moda es muy importante. Definitivamente a los jóvenes ahora les importa más el sombrero; se puede percibir cuando vienen a comprar”, apunta Yunga. 

Estilo de vida

La transformación del estilo de vida de los cuencanos y sus nuevas necesidades han movido a la firma La Paja Toquilla a extender a 100 las clases de sombreros en sus vitrinas en el propósito de posicionarse en nuevos segmentos de mercado.

La gama de colores es, asimismo, bastante amplia. En el local de la Juan Jaramillo y Hermano Miguel, por ejemplo, se pueden encontrar sombreros, boinas y carteras de tonos clásicos; aguacate, diamante, café, tomate, verde olivo, celeste, amarillo en diversos acabados. Para mujeres hay aplicaciones según la edad.

Los rubros de elasticidad, dimensión, grosor de la paja también varían y por ende están aunados al valor del producto, que en el lugar oscila entre los 15 y 1.000 dólares. 

A juicio de Tania Valdéz, propietaria de La Paja Toquilla, el acercamiento de jóvenes, jóvenes adultos y nuevos públicos de adultos mayores a la paja toquilla ha obligado a modernizar el producto variando los diseños, la gama de colores y los acabados de acuerdo a las nuevas tendencias de la moda.

“El sombrero ya no es una prenda de lujo, es una necesidad. Es el único que cubre realmente de los rayos ultravioleta y previene enfermedades de la piel por la exposición al sol. Además la moda vuelve y los chicos quieren usar los sombreros que usaban sus ancestros”.

La empresaria cree que los jóvenes cuencanos han ampliado su visión sobre la vida y tienen un sentido estético más desarrollado. Piensa que cuidan su salud y están preocupados por su imagen. “La gente joven está cada día más concientizada sobre la importancia y el valor del sombrero de paja toquilla”.

Homero Ortega
Alicia Ortega, presidenta de la firma Homero Ortega, está permanentemente abocada en crear sombreros para conquistar los mercados más exigentes del mundo.

En ese sentido, ella ha dirigido esfuerzos por incrementar la oferta en el propósito de satisfacer necesidades de los nuevos compradores cuencanos.

Sin embargo, Ortega estima que si bien la aceptación y valorización de la sociedad local hacia la paja toquilla ha llegado a un “10 por ciento”, cree que esa cifra es muy baja para tratarse de una ciudad productora y exportadora de sombreros.

“Realmente no hay la conciencia que quisiera. Deberíamos usar sombrero todos los días por los problemas que causa el sol, y más aún siendo Cuenca una ciudad productora, pero la idiosincrasia de nuestro pueblo hace que todavía no se use como se debería”. 

No obstante, Ortega, junto a su hija Angélica, diseñadora de los productos de Homero Ortega, se ha dedicado a elaborar sombreros, boinas, carteras o mochilas para ese 10 por ciento de nuevos públicos compradores.

Por eso en esta empresa cuencana la variedad es también un rubro invalorable. Aquí hay unas 400 clases de sombreros, entre ellos para practicar cabalgata, tenis, golf o viseras para caminar; sombreros para matrimonios, fiestas, para ir al campo o, en diseños más simples, para las  actividades cotidianas.

“Para lo que antes no se usaba nada, ahora sí se usa; hay una ligera motivación. Pero la norma obliga una mejora continua y buscamos siempre diseñar sombreros especiales para los más altos mercados del mundo”, dice Ortega. 

En la búsqueda de lograr posicionamiento en nuevos segmentos, la tesis de que los sombreros de paja toquilla son solo utilizados por adultos y adultos mayores ha quedado desvirtuada, según tres de las más importantes casas productoras y exportadoras de la ciudad.

Sin embargo, el reto es mayor, aseguran, porque otro de los objetivos es concientizar a la gran mayoría de la sociedad cuencana de que en el Azuay se hace y está el sombrero más “bello del mundo; “el mejor”. 

Cuenca.

 

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Fuente: Agustín Reinoso

 






Revista LA PLUMA Nº 430
 
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