Gualaceo vive su fe entre júbilo y danza
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Sobre sus caballos, los jinetes danzan y forman figuras, los movimientos denotan mucha coordinación entre ellos. Edwin Tapia | EL TIEMPO |
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Miguel Ángel, un niño no vidente de doce años, se sujeta fuerte del brazo de su madre. Al carecer de la vista, ella es su bastón y guía. El pequeño es el menor de los nueve hijos de Julia Sarmiento, sus oídos y tacto le indican que está rodeado por centenares de personas, es uno más en la misa que se oficia en honor al Patrón Santiago de Gualaceo.
Fecha de Publicación: 2010-08-01 00:00
La fe y devoción de madre e hijo unen fuerzas para ir a la plaza Guayaquil, agradecer al Santo por sus bendiciones y los favores recibidos, porque Ángel, a pesar de su discapacidad, es el abanderado de la escuela en Gualaceo, apropiada para personas no videntes. Este año llegará a Cuenca para continuar con sus estudios.
Julia no sabe leer ni escribir, pero su hijo sí, mediante el sistema braille, él se ha convertido en su compañía. Apegada a una pared, cubriéndose de la lluvia, ella le relata lo que sus ojos ven.
Centenares de personas se dan cita en la plaza central de Gualaceo desde la mañana, bajo un clima que no da tregua a que el sol abrigue. En medio de ello, se desata una fiesta de júbilo con danzas, bombos y platillos, en un acto de agradecimiento por los milagros conferidos del Patrón Santiago.
Desde el primer día de julio, el Santo sale a peregrinación por las parroquias de Gualaceo, el domingo 25 los priostes llegan a la iglesia central del cantón para venerarlo. Éste es día de fiesta para los fieles, unos se cubren de la lluvia, otros sienten que esas aguas refrescan sus almas.
Personas de diferentes partes del país elevan cánticos de alabanza, a una sola voz, en loor a su Patrón.
Luego se forma una columna detrás del santo, acompañada de baile y la infaltable banda de pueblo, que alegra la fiesta rumbo a Belén. Luego llegan al escenario natural junto a orillas del río Santa Bárbara, el sonido de sus aguas se convierte en un fondo musical que tranquiliza corazones, lugar ideal donde las comunidades desarrollan danzas a caballo, conocidas como el juego de la escaramuza, recreaciones tradicionales y la guerra entre moros y cristianos.
El sol empieza a desprender sus cálidos rayos hasta llegar a su majestuoso esplendor y alejar al aguacero; la gente se acomoda al rededor de la planicie y los niños se juntan para participar en el palo encebado. El rostro sucio por la grasa y la incomodidad para trepar, así sea poniendo el pie en la cara del otro, provocan las carcajadas de los asistentes. Todo se vale, con tal de alcanzar la punta del poste y llevarse el premio.
Es momento de ver las acrobacias de los jinetes de la comunidad de Dunla montados a caballo. Manuel Morocho es el rey de los escaramuzos, suma 25 años de participar en esta tradición, junto a 12 guerreros se preparó ocho días para la presentación.
Orgullosos, los jinetes muestran su dominio sobre los equinos, están listos para presumir las acrobacias que ensayaron. Encabezados por Reto, líder del grupo, se adentran al campo de batalla con sus trajes multicolores y máscaras.
El líder empieza la ceremonia con palabras de reflexión a sus valientes soldados, quienes van a defender el reino del emperador Carlo Magno. La turba se enciende y ensalza las palabras de Reto, una que otra carcajada se escapan en medio de la multitud, debido a las ironías que habla el valiente soldado.
Luego de su emblemática intervención, el comandante y sus mayorales alistan a los animales para el juego de la escaramuza. La habilidad de los jinetes se pone a prueba, en la cancha empiezan a formar hojas y letras del abecedario, la coordinación debe ser exacta para evitar choques entre ellos.
Gualaceo.








