Cuenca

La pollera: memoria de hilos y lentejuelas

Las hábiles manos de la artesana, que hoy se jubilan a la fuerza por la llegada de sistema industrializados.

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El arrullador sonido de la Singer ayuda a deshilar los recuerdos de la memoria de María Luisa León Jara: “Aaahh, bellas épocas en las que sacábamos las bayetas tinturadas a secar en las orillas de acá nomás, en El Vado...”

Fecha de Publicación: 2010-06-27 00:00

El recuerdo es de 50 años atrás, de cuando junto a sus hermanas trabajaba en el taller de confección de polleras de su tía Celina León Espinoza. La bayeta, materia prima de bolsicones y centros, se teñía a mano en enormes pailas de bronce; alisadas y luego puestas a secar al sol en la orilla del río Tomebamba, entre los puentes de El Vado y del Centenario.


Tenía 10 años cuando aprendió el oficio, y de eso ya han pasado 60 años. Lo llama “confección de ropa folclórica”, la que hoy muy poco se vende. La mejor época del año es diciembre, cuando alquila las prendas para quienes participan en el Pase del Niño, sumado a la venta de pequeños trajes para las imágenes de yeso.


La Singer se detiene solamente para celebrar los goles con los que esa tarde Japón eliminaba a Dinamarca del Campeonato Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010. En su taller-galería de la calle Tarqui 6-35, María Luisa León Jara y su esposo Humberto García comparten la soledad y la tranquilidad que hoy le brindan 60 años de puro trabajo –en los que están también los de la mejor época de la pollera.


“Entre las siete de la mañana y las diez de la noche sacaba una pollera yo solita, si es que el ancho no pasaba de tres varas”, dice. Y se hacían todos los días, desde el bordado, la colocación de lentejuelas y el cosido.


Humberto García, compañero permanente de doña María Luisa, es chofer profesional de la séptima promoción del Sindicato. Ya jubilado, recuerda también aquellas épocas en las que los carros no tenían direccionales y pitaban tres veces para girar a la izquierda o dos para ir a la derecha.


“Se vendía bien; hoy menos porque es muy caro: 100, 150 o 200 dólares por pollera, dependiendo del bordado”, dice.


Se refiere a los adornos creados con el hilo y la aguja que daban forma a escudos, banderas, aves, flores, caracoles de tres y de cinco…


La complicada prenda consta de dos piezas, “como el vestido y el abrigo”. La parte que lleva el bordado se llama “centro”, y es más larga que la exterior, llamada “bolsicón”, para que deje ver los bordados.


Pero cualquier pollera quedaría huérfana sin la blusa, el sombrero de paja toquilla y el “paño cachemir”.


La mejor tela para la confección era la bayeta de tierra y la estamiña. “Antes venían de Nabón, Shiña, San Bartolomé y Santa Ana; comprábamos directamente a las tejedoras; luego la familia Eljuri introdujo el “paño cachemir” y luego el texlong´”, dice María Luisa.
Es decir, a las polleras les llegó su revolución industrial y las tejedoras de lana de borrego se quedaron sin trabajo. Cayó la labor artesanal y las polleras no volverían a ser las mismas.


Por eso, la pareja dice que el negocio no es el mismo, y está contenta de haber vivido el “boom” de la pollera, como para no preocuparse mucho por las bajas ventas. Más bien su preocupación es cultural.


¿Hasta cuándo en esto? “Hasta diciembre de este año: allí colgaré los guantes, o mejor dicho los hilos”

 

Bordado simultáneo con 48 agujas

Y la revolución industrial en la elaboración de polleras no se detiene. Desde hace dos meses, en la calle Tarqui, en el mismo segmento donde están las bordadoras artesanales, se han instalado locales de bordado industrial.

Son máquinas orientales –su costo supera los 12 mil dólares- que simultáneamente con 48 agujas pueden engalanar hasta cuatro polleras por día. También pueden adornar capas, manteles, etc.


Operan mediante un sistema computarizado y un programa de diseño; luego se monta la tela –“terciopelo strech” es lo último en materia prima para las polleras- y sola hace el trabajo de cinco operarios y en la tercera parte del tiempo.


Por eso bordadoras artesanales, como Delia Durán, oriunda de Santa Isabel, encargan la tarea en estos lugares. Con sus 75 años de edad, no sale del asombro al mirar la velocidad con la que trabaja la máquina, aunque luego la colocación de las lentejuelas se lo debe hacer manualmente.


“Lo malo es que se deja sin trabajo a muchos”, dice mientras espera su encargo.


La bordadora computarizada tiene una memoria de varios estilos de diseño, y también admite pedidos especiales. “En ocasiones son tan complejos que nos toma un día para una pollera”, dice Teresa León, responsable de una sucursal de este negocio.


Después de todo, sólo tiempo y dinero se ahorran. Tiempo y dinero en cuyo beneficio las polleras no serán las mismas. Nunca más.

 

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1  Opiniones

1 | Angel Jackson Gonzales Ocampo | 2013-05-28
Muy buenas noches soy peruano me dedico al plisado de telas y faldas soy artesano de la manera tradicional con moldes y camara de vapor me dedico a confeccionar faldas plisadas polleras,de moda actual, para novias, plisados campanas o solei todo lo que sea pliegues en telas ,aplicaciones a las blusas y todo lo que salga de moda en los figurines extranjeros me gustaria saber si hacen esos trabajos por alla, yo mismo fabrico los moldes a la medida que se desea doy servicio de mantenimiento si tienen algun interes pueden escribirme a este correo.

 






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