Cuenca

Feligreses se transforman por su fe

Fanny Mora junto a su esposo Jorge Cabrera durante la procesión de cucuruchos de Santo Domingo.

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Alrededor de 10 vía crucis recorren la ciudad el Viernes Santo. Cada uno es diferente, pero tienen en común las historias que mueven a los feligreses por las calles de Cuenca en una muestra de su devoción.

Fecha de Publicación: 2016-03-26 00:00

Un Cristo niño, un payaso convertido en Satanás, un joven que heredó una corona de espinas y un matrimonio de cucuruchos son historias del Viernes Santo protagonizadas por los personajes que dan vida a los vía crucis.


Su fe es alimentada por el agradecimiento, súplicas y testimonios. Ayer dejaron de lado su ropa habitual para convertirse en soldados romanos, apóstoles, demonios, santos y en el propio Jesucristo.

 Vía crucis infantil

Es temprano en la mañana y la avenida Diez de Agosto se va llenando de niños y padres de familia que llevan en sus manos disfraces de personajes bíblicos. La imagen es similar a la de un pase del Niño, pero pronto un grupo de cucuruchos rompe esa percepción.


Es el vía crucis infantil que se lleva a cabo en la parroquia eclesiástica de la Virgen de Bronce por primera vez. Susana Otavalo, una de las organizadoras, comenta que la actividad tiene como fin involucrar a los niños de forma voluntaria en las actividades de la Iglesia.


Los niños no son indiferentes a la procesión. Sonríen mientras se colocan los cascos de soldado romano y empuñan sus lanzas, o cuando se colocan una barba postiza para asemejarse a los apóstoles.


Uno de ellos está particularmente emocionado. Apresura a su padre, se cambia la ropa con apuro y saca de su bolso una corona de espinas. Se convierte en Jesús.


El nombre del Cristo niño es Oliver Fernando Mejía. Su padre, quien también lleva por nombre Oliver Mejía, comenta que la noche anterior su pequeño de 11 años no le dejó dormir. “A cada rato preguntaba si ya amaneció, estaba desesperado por actuar”, cuenta el progenitor.
Oliver Fernando ha dedicado su corta vida a la iglesia, es acólito de la parroquia, no se pierde una misa y cuando le ofrecieron interpretar a Jesús no dudó en aceptar, comenta su padre. “Ver que en estos tiempos mi hijo se forme por su propia voluntad como una persona de bien y dedicada a Dios, para mí es un milagro”, asegura.


El vía crucis termina en un improvisado calvario. Oliver es crucificado; ha cumplido su misión. Los carmelitas descalzos, organizadores de la procesión, lo rodean para finalizar el acto con una plegaria. El vía crucis que congregó a más de 200 fieles ha sido un éxito.

 Satanás
Mientras esto pasa en la Virgen de Bronce, en el cerro Yanacauri, conocido también como Tú eres Pedro, el payaso de profesión Jorge Campoverde ha dejado de lado su nariz roja para convertirse en Satanás. Son las 10:00 y tras hora y media de un cansado recorrido el intérprete del diablo se burla de Jesucristo.


No es un hereje, al contrario su devoción por Dios le llevó a convertirse por tercer año consecutivo en “el mismísimo Diablo”. Antes de que inicie la procesión maquilla su rostro y los de gran parte de los protagonistas del vía crucis de Miraflores. Les guió en oración y les dio consejos de actuación.


Su papel, comenta, “es uno de los más odiados, pero más necesarios”. Campoverde asegura que la gente debe visibilizar el mal “para darse cuenta que hay que seguir el bien”. Por eso ha convertido a su participación en el vía crucis en una misión que cumple con pasión.

 Herencia
La mañana avanza y en el camino a Turi cientos de personas caminan detrás de Marco Pintado, quien, convertido en Jesucristo, carga una cruz de más de 200 libras sobre sus hombros mientras sube el icónico cerro cuencano.


Esa misma cruz fue cargada por su padre, Jorge Pintado, durante 16 años. Cuando él falleció, Marco heredó una corona de espinas, la pesada cruz y una tradición que no está dispuesto a dejar morir.


“A él lo mueve un milagro, el vía crucis es en agradecimiento”, comenta Leonardo Yunga mientras le bajan del árbol donde minutos antes simuló su muerte. Ayer, Yunga se convirtió en Judas, pero, al contrario del apóstol, prefiere no traicionar a Pintado, quien además es su primo, y mantiene en reserva el detalle del milagro de Turi.


La procesión llega al foro romano de Turi tras dos horas de camino. En el escenario, los participantes del vía crucis recrean la película Mártir del Calvario ante un graderío lleno de gente que a pesar del cansancio, hambre y sed no abandona el lugar hasta que la obra finaliza.

 Matrimonio
Es el mediodía y en la iglesia de Santo Domingo los santos vuelven a los altares. Fueron removidos de su lugar por los feligreses que, convertidos en cucuruchos, los cargaron por los alrededores del templo en una procesión diferente.


Las esculturas de Jesús, la Virgen María y varios santos son llevados por grupos de 10 y 12 personas que cubren su cuerpo y rostro con túnicas color violeta y escarlata. Entre ellos se encuentra Fanny Mora, cuyas fuerzas por momentos no logran soportar el peso de las imágenes.
Fanny lleva en sus hombros una pesada imagen de María Magdalena, junto a ella y también llevando la escultura está su esposo. Jorge Cabrera, quien no permite que su cónyuge se lastime y levanta el madero para que ella coloque un soporte mientras recupera fuerzas.


“En la procesión como en el matrimonio hay que prestarnos el hombro para superar las cargas”, comenta ella. Ese apoyo mutuo, asegura, les ha ayudado a superar una dura crisis económica de la que salen tejiendo juntos sombreros de paja toquilla.


“Dios siempre ha estado con nosotros en estos duros momentos, esta es nuestra forma de agradecerle”, dice Mora, mientras regresa los santos a su lugar.


Historias similares se cuentan en los vía crucis que recorren Monay, la parroquia eclesiástica de Fátima, Las Orquídeas, San Pedro de El Cebollar, los alrededores de la iglesia de San Francisco y las calles aledañas a la Catedral Nueva. Historias de fe que alimentan tradiciones que forman parte de la identidad de los cuencanos. (JPM) (I)

 

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