Cuenca

Occidente no se olvida de los "oscuros años 90" del deporte chino

La nadadora china Liuyang Jiao en la premiación tras ganar su categoría en natación. EFE

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Las acusaciones, de momento infundadas, contra la nadadora china Ye Shiwen, una de las grandes polémicas en Londres, han revelado que potencias deportivas como EEUU no se olvidan de las oscuras prácticas que el deporte chino llevó a cabo en los 90, cuando la natación y el atletismo del país quedaron, ahora se ve que para siempre, marcados por la sospecha.

Fecha de Publicación: 2012-08-02 10:42

Casi 20 años han pasado, y desde entonces China ha adoptado estrictas leyes antidopaje, ha echado de sus instituciones de entrenamiento a personas altamente sospechosas como el "mago" Ma Junren y ha intentado lavar su imagen con unos Juegos Olímpicos.

Pero el estigma sigue allí y parece que el gigante asiático nunca se librará de ser comparado con la República Democrática Alemana, país donde el dopaje estaba institucionalizado en los años 70 y 80 y cuyos éxitos deportivos, debido a ello, nunca serán del todo reconocidos.

Cuando Ye nadó el último largo de los 400 estilos en un tiempo más rápido que Ryan Lochte en el suyo, veteranos periodistas deportivos de muchos países viajaron en el tiempo a aquellos Mundiales de Roma 1993 que muchos consideran como uno de los casos más descarados de dopaje en masa.

Las nadadoras chinas, que habían despuntado, pero discretamente, en Barcelona 92 (cuatro oros) y en los Mundiales de Perth 1991 (otros cuatro), protagonizaron uno de los campeonatos más monocolores de la historia, al hacerse con 12 de las 16 medallas de oro -y seis platas- en el cuadro femenino.

Sólo grandes campeonas como la alemana Franziska van Almsick o la estadounidense Janet Evans se libraron del martillo chino, que también encendió muchas sospechas -en un momento en el que los controles antidopaje estaban menos avanzados- confirmadas pocos meses más tarde en los Juegos Asiáticos de Hiroshima 1994 (una versión continental de los Juegos Olímpicos).

En esa ciudad japonesa siete nadadoras chinas dieron positivo por esteroides, una redada que provocó que China sólo se llevara un oro en aquel torneo, pese a que su nivel era considerablemente menor al de los Mundiales.

Aunque China acusó a Japón de amañar aquel escándalo (una muestra de la histórica rivalidad de los dos países), el "bajón de nivel" se confirmó en los JJOO de Atlanta 1996, cuando las nadadoras chinas sólo se llevaron un oro (Le Jingyi, en 100 metros libre).

Y en los siguientes Mundiales (Perth 1998), aunque las nadadoras chinas no monopolizaron (sólo tres oros) una de ellas, Yuan Yuan, fue detenida con 13 frascos de hormona del crecimiento, lo que le valió la expulsión y sospechas de que "abastecía" a sus compañeras.

Otras cuatro, en aquel mismo campeonato, dieron positivo por una sustancia ilegal -usada para esconder otros dopantes en muestras de orina- y expulsadas de aquellos campeonatos.

También en atletismo, otro deporte en el que China obtuvo sorprendentes resultados a mediados de los 90, hubo recelo cuando corredoras hasta entonces desconocidas como Liu Dong, Qu Yunxia o Wang Junxia dominaron el medio fondo en los Mundiales de Stuttgart 1993 y batieron récords del mundo con tiempos entonces inauditos.

En aquella ocasión, además, las tres campeonas habían sido formadas por un estrafalario personaje, el entrenador Ma Junren, quien aseguraba que el gran rendimiento de sus pupilas se debía al uso de medicinas tradicionales orientales compuestas por ingredientes tales como sangre de tortuga o gusanos.

Pero se repitió la historia de la natación: la "armada de Ma", como se llamaba a las corredoras, de repente regresó al anonimato volviendo a cosechar tiempos muy discretos.

Y el atletismo chino tocó fondo poco antes de Sydney 2000, cuando 27 atletas del país (entre ellos seis formados por Ma) dieron positivo en controles antidopaje y se perdieron esos Juegos, mientras el famoso entrenador, que iba a formar parte del equipo técnico chino en la ciudad Australiana, también fue expulsado.

China intentó olvidar rápido aquellos años con la presentación de su candidatura para los Juegos de 2008, que al final se llevaría, y que le obligó a tomarse en serio el problema del dopaje y aumentar al máximo los controles.

Hoy en día sus nadadores, por ejemplo, reciben en total unos 2.500 controles anuales, supervisados por la FINA y la Agencia Mundial Antidopaje.

Los Mundiales de natación de Shanghái 2011 y los de atletismo que Pekín tendrá en 2015 garantizaron que China, tras los Juegos pequineses, sigue con una "tolerancia cero" a las sustancias prohibidas, lo que no impide que, cuando de sus canteras salen prodigios como Ye Shiwen, a muchos les regresen a la mente los fantasmas de los noventa.

 

Pekín, EFE.

 

 

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