La utopía de ser escritor en Cuenca
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Nivardo Delgado, Fernando Bermeo y Fernando Ortiz, durante un acto de lectura del libro Polvo y Ceniza. Archivo |
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A pesar de que en esta ciudad se publican más de 20 libros de literatura al año, pocos de ellos cumplen su objetivo: ser leídos.
Fecha de Publicación: 2012-07-09 00:00
Pero este problema no se debe a que la producción literaria de la ciudad sea de baja calidad.
Carlos Vásconez, presidente de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, indica que las publicaciones de Cuenca tienen gran valía, ya que las exigencias para publicar un libro son muy altas.
Según Vásconez, “la cifra de publicaciones literarias de Cuenca, es proporcionalmente buena en comparación a otras ciudades del país”.
Sin embargo, el asunto no es precisamente el número de publicaciones, sino más bien la aceptación que éstas logran.
Las obras de literatos cuencanos deben competir con las de autores extranjeros, lo cual es una tarea muy difícil.
Vásconez manifiesta que la gente, por lo general, tiene la percepción de que los libros de escritores extranjeros son mejores.
Esto se ve reflejado en la mínima participación que tiene la literatura cuencana en la lectura local, pues “representa tan solo el 5 por ciento de lo que se lee en Cuenca, el otro 95 por ciento corresponde a obras de otros países y ciudades”.
Para la escritora María de los Ángeles Martínez, el problema de la falta de lectores no es exclusivo de la literatura cuencana.
Según la autora, la gente cree que la literatura es una “especie de vitrina de almacén de lujo, al que nadie quiere entrar porque le da miedo sentirse que no encaja”.
Publicaciones
Pero los problemas para los autores cuencanos no empiezan al momento de vender sino antes, a la hora de publicar.
En la ciudad, excepto en las editoriales de la Casa de la Cultura y la de la Universidad de Cuenca, los escritores deben autofinanciarse para ver su obra entre tapa y contratapa.
Según Eliécer Cárdenas, director de la Biblioteca Municipal de Cuenca, “es muy complicado para los escritores jóvenes publicar un libro; pues, para hacerlo, las editoriales les exigen que paguen la edición.”
Otro obstáculo para la literatura cuencana es la falta de promoción; los ciudadanos conocen muy poco acerca de escritores cuencanos y ni qué hablar de sus obras.
En otras palabras, ser literato en Cuenca no es una profesión de la que se pueda vivir, se ha convertido tan solo en una actividad realizada por pocas personas que gustan del arte de escribir.
Como indica Carlos Vásconez, “en Cuenca, vivir exclusivamente de la literatura es muy complicado, es casi utópico”.
Eliécer Cárdenas considera que la literatura no es un medio de vida, hay que dedicarse a otras actividades como la docencia o el periodismo para sobrevivir.
Para la escritora Sara Vanegas, el problema no es solo de la literatura, es de todo tipo de arte. Según ella, “el arte no es rentable”.
Estos pensamientos son compartidos por varios autores de la ciudad, incluso los más jóvenes.
Rosalía Vásquez, estudiante de la escuela de Lengua, Literatura Española y Lenguajes Audiovisuales de la Universidad de Cuenca, sueña con ser escritora como alguno de sus ídolos.
“Una de mis inspiraciones más grandes es Eugenio Moreno, lo leía desde que era niña y fue entonces que descubrí que las palabras tienen poder sobre la gente”.
Pero Vásquez ya es consciente de que este “poder” es limitado.
“El arte es elitista, las personas que leen son muy pocas y son muchas menos las que leen buenas obras”.
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